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Siempre es tentador hacer lo que uno quiere, más que lo que uno debe. Y ahora, según un filósofo estadounidense, reírse de un chiste cruel, hacer diferencias de género y hablar de los demás a sus espaldas tiene su lado positivo en lo personal y en lo social. Y puede ser hasta beneficioso.

Trabajar poco y vanagloriarse de eso, y reconocer que el verdadero desayuno de campeones es un vaso de whisky. Las dos ideas, aunque tentadoras, son vistas como incorrectas por la sociedad actual y, por ende, pocos se enorgullecerían de ellas. Sin embargo, el personaje de Charlie Sheen en la serie Two and a half men, Charlie Harper, hacía todo eso y era idolatrado por muchos telespectadores que, en lugar de criticarlo, se morían de ganas de ser como él: el epítome de lo políticamente incorrecto.


Pero Emrys Westacott, profesor de filosofía de la Alfred University, en Nueva York (EE.UU.), tiene suficientes argumentos -suyos y de colegas que ya habían tratado el tema- como para justificar esa conducta. Tantos, que escribió un libro al respecto. Titulado La virtud de nuestros vicios, es una revisión de algunas conductas que son socialmente reprochables pero, según él, beneficiosas para el ser humano y la sociedad. Y ya sea para sentirse menos culpable o atreverse de vez en cuando a olvidar el Manual de Carreño, acá resumimos cuatro ejemplos sobre por qué ser políticamente incorrecto es correcto o ideal, inclusive.


Ser “pelador”: En Chile somos expertos. Tomando un café en la oficina, saliendo del matrimonio de unos amigos, en el happy hourTal Sandalias de Tamaris 29402 Tamaris 29402 qRxw8XPR y en la televisión abierta. No en vano, el programa con más rating en lo que va del año ha sido un reality show, y se puede averiguar del último escándalo de farándula en horario matinal, vespertino y prime. Usted elige.


A pesar de lo arraigado que está este hábito en la sociedad chilena, se suele reprochar a quienes hablan de alguien que no está presente. Y éste, según Westacott, es el primer error. El “cahuín” y el “pelambre”, por ocupar dos expresiones locales, tienen una connotación negativa que impide mirar el acto de hablar de alguien a sus espaldas de manera neutral. Por eso, el autor apela a redefinir el concepto “rumor”, reduciéndolo a un comentario sobre un tercero que no implique mentiras malintencionadas, no viole ningún derecho y no pueda catalogarse únicamente como “utilitario”.


Llevando la idea un paso más allá, dice que incluso hay ocasiones en que “pelar” a alguien sería beneficioso para el bien común, es decir, cuando los “rumores promueven directamente el bienestar más que el daño”. Conversar sobre la pésima atención de un nuevo restaurant con un amigo que tiene reservas para el fin de semana, por ejemplo, podría evitar que a él le pase lo mismo. Para resumir esta idea, Westacott la compara con la reseña de un libro: puede que al autor no le guste recibir comentarios negativos, pero si la obra tiene ciertas falencias evidentes, ¿por qué habría que privar al lector de esa advertencia?


Ecco Pointy Tac de Zapatos Shape 75 de Tac Zapatos Pointy Ecco 75 Shape Más allá de los tecnicismos, las “copuchas” son un elemento clave en la toma de decisiones. Según un estudio del Instituto Max-Planck para la Biología Evolucionaria, en Alemania, las personas se dejan influenciar por los rumores incluso cuando éstos contradicen lo que han visto con sus propios ojos. En un experimento con casi 200 universitarios, por ejemplo, 44% de ellos cambió la opinión que tenía sobre su pareja de trabajo -datos duros, hechos informados por la misma persona- después de escuchar rumores sobre ésta.


En otra arista, Westacott insiste también en el bienestar sicológico que produce la conversación: desde ese placer malicioso que producen los infortunios de los demás, hasta el poder que genera dominar cierta información sobre alguien que otra persona desconoce. Como consecuencia de la interacción, además, se genera cierta intimidad y se estrecha el vínculo ya existente.


En un nivel macro, los beneficios del pelambre pueden resumirse como “un mayor entendimiento de la naturaleza humana y las construcciones sociales”. Como explica Westacott en su libro, las filtraciones de información no oficial permiten que las instituciones funcionen mejor. Detalles como la mala relación entre dos personas, acuerdos extraoficiales entre compañías o compromisos previos entre distintas áreas pueden facilitar el entendimiento de ciertas decisiones administrativas.


Tac Ecco Zapatos Pointy de 75 Shape Ser maleducado: A veces, esta actitud es una buen opción, sobre todo cuando se quiere provocar un impacto mayor en la audiencia. Si la igualdad de las personas está en juego, por ejemplo, Westacott justifica que se ofenda a quienes ostentan mayor poder o que desean mantener el statu quo.


¿Un ejemplo? La afroamericana Rosa Parks, al negarse a cederle su asiento en un bus a una persona blanca en 1955, pasó a ser “la primera dama de los derechos civiles”, al luchar por la igualdad de derechos independiente de la raza. Casos como el de Parks, vistos como mala educación en el contexto social de esa época, serían -según Westacott- “un signo de una mayor salud cultural en vez de un declive moral”.


Para definir la conducta, el autor de La virtud de nuestros vicios se refiere a la mala educación como cualquier hecho que viole una convención social intencionalmente, ignorando los sentimientos de un tercero. Y esto, en la cultura actual, está mal por default -a menos que pueda justificarse, lo que implícitamente reconoce la carga negativa que tiene el ser maleducado. Sin embargo, hay varias situaciones que podrían excusar esta falta: no conocer las convenciones sociales del entorno, verse en una situación de emergencia -como tener que interrumpir una conversación gritando porque un niño va a cruzar la calle sin mirar-, promover beneficios a largo plazo, hacer una declaración de principios o tener fines pedagógicos o humorísticos.


El caso de Parks, por ejemplo, explicita la mala educación como una manera evidente de mostrar desacuerdo con ciertas leyes y formas de pensar. “En muchos casos -explica Westacott en su libro-, las personas maleducadas son quienes han reflexionado seriamente sobre el significado de una convención social y han decidido que se asocia a valores y creencias que no quieren apoyar. (…) De este modo, su mala educación podría ser una prueba de autonomía intelectual e integridad”.


Otro factor que incide en definir qué es maleducado y qué no, son las normas de cada época. Así, una conducta que habría sido inapropiada hace algunas décadas -como el trato de tú a tú entre padres e hijos-, hoy es perfectamente normal.


Esto, según el autor, explicaría esa nostalgia de los mayores por tiempos en los que “había más respeto”.


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Sin embargo, este choque cultural no le quita peso a la importancia que las personas le atribuyen a la mala educación en el día a día.


Rechazar la igualdad entre hombres y mujeres: “Por qué el feminismo moderno es ilógico, innecesario y malvado”. Así se tituló una columna del sicólogo Satoshi Kanazawa en el sitio web de la revista Psychology Today, que sacó ronchas entre los lectores. Si bien el ítem de la igualdad de géneros no está considerado como uno de los “vicios” en el libro de Westacott, que haya otros teóricos que se refieran al respecto confirma la necesidad, a veces, de ser políticamente incorrecto.


Kanazawa cuestiona la posición de inferioridad que, supuestamente, tendrían las mujeres en la sociedad actual. Cuando se habla de igualdad de géneros, de inmediato se vinculan ideas que se refieren -básicamente- a la igualdad de oportunidades y derechos. Pero esas dos cosas no tienen por qué ir de la mano.


Según el experto en sicología evolutiva, “toneladas de evidencia demuestran que hombres y mujeres son inherente, fundamental e irreconciliablemente distintos. Cualquier movimiento político basado en una idea tan incorrecta sobre la naturaleza humana -que hombres y mujeres debieran ser iguales- está destinado al fracaso”. Rechazando la idea de que el bienestar se pueda medir en base a un sueldo menor o mayor -un sesgo recurrente entre ambos géneros-, Kanazawa se remite a las únicas dos mediciones biológicas de bienestar: longevidad y capacidad reproductiva. Y en ambas, es el hombre quien sale mal parado. La tasa de fertilidad y la esperanza de vida son más altas en el supuesto “sexo débil”.


Reírse de los chistes crueles: Aunque no sea ley, existe una convención social sobre qué tipo de bromas pueden encontrarse chistosas y de cuáles hay que reírse en secreto. Bien lo aprendió Mauricio Flores el año pasado, después de que el CNTV multara a Chilevisión por su rutina humorística en el Festival de Viña, en la cual ridiculizaba a los homosexuales valiéndose de estereotipos y lugares comunes.


Westacott, en cambio, defiende el humor cruel y satírico, atribuyéndole un efecto catárquico. Según el sicoanalista Sigmund Freud -su principal influencia en este argumento-, hacer chistes permite liberar “energía nerviosa”, usada para reprimir pensamientos, emociones y deseos vinculados a tabús sociales. Y como enuncia Freud en su obra Los chistes y su relación con el inconsciente, los deseos prohibidos son principalmente sexuales o agresivos, lo que explicaría por qué tantas bromas sobre esos temas.


Al respecto, Kathleen Taylor -neurocientífica de la U. de Oxford (Inglaterra y autora del libro Crueldad– explica que el “humor es una de las recompensas más comunes de la crueldad. La risa es un lazo social, que une a los que perpetran la burla”.


Respecto de los chistes sobre minorías sexuales, étnicas o religiosas, por ejemplo, Westacott no ve problema en ello, al menos actualmente. Contar un chiste machista en los años 50, por ejemplo, era divertido por el contenido en sí. Hoy, más que reírnos de que el universo de una mujer es la cocina, nos reímos de la ridiculización que el comentario implica y de lo básico que es el razonamiento tras la broma. Esto, sin embargo, no significa que avalemos ese tipo de ideas ni que nos parezca divertido pensar que las labores hogareñas son la única preocupación del género femenino.


75 Tac Shape Zapatos Pointy Ecco de Pero también están las pruebas más obvias, esas que abarcan todo tipo de humor y que, por ende, no descartan ningún motivo para reírse. Todo suma. El placer que provoca un buen chiste, la sociabilización que se genera al contarlo y el desarrollo intelectual que implica buscar una respuesta igual de ingeniosa son motivos suficientes. Conclusión: sobran razones y chistes políticamente incorrectos para tener una mejor salud. Además, coherente con la idea de que a veces es bueno ser políticamente incorrecto, George Orwell lo dijo primero: “Cada chiste es una pequeña revolución”.

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